Turismo en la Antigua Roma: qué debes saber

Turismo en la Antigua Roma: qué debes saber

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Cuando hablamos de turismo pensamos que se trata de un fenómeno relativamente reciente. Sin embargo, el origen del turismo, tal y como lo entendemos en la actualidad, se remonta a los tiempos del Imperio Romano. ¿Qué debes saber del turismo en la Antigua Roma? Te contamos todos los detalles, incluso donde “veraneaban” los emperadores.

El origen del Imperio Romano se sitúa en el año 29 a.C. bajo el mandato de Octavio Augusto, que dio inicio a un largo periodo conocido como “Pax Romana”, caracterizado por la estabilidad interior y exterior y en el que Roma alcanzó su máximo desarrollo económico y expansión territorial. En este entorno de calma vivió su edad de oro el turismo romano.

Gracias a investigadores como A.J. Norval, que publicó en 1936 su obra 'La industria del turismo', podemos saber un poco más sobre cómo era el turismo en tiempos de los romanos. Una de las claves que permiten explicar el auge del turismo en esta época era la amplia red de calzadas romanas, que conectaban todos los puntos del Imperio. Se calcula que en su máximo apogeo esta red sumaba un recorrido total de 80.000 kilómetros a lo largo de toda Europa. “Este magnífico sistema de comunicaciones, que unía todas las partes del Imperio con Roma, salía radialmente del Foro en cinco direcciones principales a través de Italia, hacia las provincias, y terminaban en las fronteras”, señala Norval en su libro.

Termas de Caracalla

Turismo de descanso en el campo 

El movimiento turístico en la Antigua Roma tenía semejanzas con el actual. Así, en Roma se producía un éxodo general durante los meses de verano, para huir del sofocante calor de la ciudad, hacia sus villas campestres.

Era común entre las clases acomodadas la tendencia al agro-residencialismo: construir casas en el campo y convertirlas en su segunda residencia. Tenemos ejemplos como los de la villa toscana de Plinio el Joven, de la que se sabe que contaba con jardines y huerto, un patio interior, una piscina para nadar, gimnasio y su propia área de baños, con estancia para el baño frío (frigidarium), estancia caldeada (tepidarium) y estancia para el baño caliente (caldarium). Cuentan los historiadores que Marcial tenía una casa de campo que le había regalado Plinio, Horacio hablaba de su finca rural como un paraíso, incluso Augusto quiso morir en su pequeña casa natal de Nola (situada cerca de Nápoles).

Turismo de salud

Otro motivo para hacer turismo eran los viajes de salud, no en vano Roma fue una de las cunas de la historia del termalismo y la cura termal. Por ello, eran muy populares los balnearios, tal y como destaca Norval en su investigación. “Tenemos total evidencia de que los establecimientos estaban localizados a lo largo de la costa mediterránea así como en África, los Pirineos, los Cárpatos, los Alpes y Auvergne. Muchos de ellos eran también establecimientos dedicados a las estancias de placer, como, por ejemplo, Baiae (la actual Bayas, ciudad italiana en la costa de Campania), Aedepus y Canobus (ciudad portuaria del antiguo Egipto). En las orillas de los ríos, entre Canobus y Alejandría, había numerosos hoteles de lujo que eran frecuentados tanto por los extranjeros como por los nacionales”, relata.

Las termas eran uno de los atractivos turísticos de las ciudades romanas. Estos baños públicos no eran solo un lugar de higiene, sino más bien de reunión y relax. Como ejemplo, las de Caracalla, situadas a las afueras de Roma y construidas durante el reinado del emperador Caracalla, que fueron el complejo de baños más lujoso de toda Roma, tan solo superado en tamaño por las Termas de Diocleciano. Contaban con salas de vapor, salas de gimnasia, de reposo, de masaje, baños de agua caliente, piscina al aire libre e incluso bibliotecas y jardines. Sin duda, formaban parte de los secretos de belleza y bienestar de la Antigua Roma.

Termas de Caracalla

Turismo cultural 

Los romanos más pudientes se desplazaban incluso a lejanos países, atraídos –tal y como seguimos haciendo ahora- por lugares de interés histórico, antiguos templos, santuarios de animales, u obras de arte, pinturas y esculturas. “Los viajeros por puro placer o excursionismo iban con más frecuencia a las provincias de Occidente, Las Galias y España”, prosigue este autor clásico de la economía del turismo, que fue profesor de la Universidad de Pretoria (Sudáfrica).

Sicilia también era un popular destino turístico de la época, al igual que Grecia, que atraía a los amantes del arte y de la antigüedad.  “La mayor parte de los turistas romanos que visitaban la antigua Grecia visitaban también Rodas, cuyos templos y sepulcros eran muy ricos en esculturas y pinturas y cuyo clima y paisaje incrementaban aún más las atracciones que los turistas encontraban en ella”, recoge Norval en su libro.

Asia Menor, cuyas costas ofrecían hermosos paisajes, también atraía a los turistas, siendo las ciudades más visitadas Efeso y Esmirna. También a Egipto iban anualmente grandes multitudes, ya que existía un servicio regular de transporte marítimo hasta Alejandría, su capital, ciudad repleta de diversiones como hipódromos, teatros o concursos de danza y música. Señala este autor que durante la temporada turística los barcos navegaban regularmente entre Alejandría y Roma por un lado, y entre Puteoli (localidad próxima a Nápoles) y Roma. Por término medio, el viaje de Puteoli a Alejandría, con viento favorable, duraba unos doce días.

Coliseo romano

Turistas en la capital del Imperio

Por su parte, los romanos de provincias hacían turismo en Roma, y, en general, en las costas próximas a la capital del Imperio. “Toda la costa, desde Toscana a Terracina y desde Terracina a Nápoles y alrededor del Golfo de Salerno, estaba sembrada de palacios de mármol, piscinas, gimnasios y templos”, subraya el autor de “La industria del turismo”.

Uno de los grandes incentivos para viajar y hacer turismo que tenían los antiguos romanos eran los festivales. Hay que recordar que en el calendario romano había casi más días festivos que laborables. Saturnales, Lupercales, Bacanales, Juegos Florales o los Juegos de Apolo, entre otras festividades, se celebraban tanto en Roma como en sus provincias. Estas celebraciones se acompañaban de los espectáculos del circo, siendo las luchas entre gladiadores y con fieras los entretenimientos más comunes.

Ya fuera por huir del calor de la populosa Roma, por cuestiones de salud o por búsqueda de aventuras y entretenimientos, podemos decir sin temor a equivocarnos que los antiguos romanos fueron los primeros turistas. 

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