Yoga: beneficios para el cerebro

Yoga: beneficios para el cerebro

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Múltiples son los beneficios que los expertos han descrito para la práctica del yoga. El último de los beneficios demostrados es que el yoga es bueno para el cerebro. La investigación realizada por la Universidad de Illinois y publicada en la revista Brain Plasticity concluye que el yoga tiene efectos cuantificables en la estructura y la función cerebral.

Partiendo del análisis de 11 estudios, los expertos han analizado los efectos de la práctica del yoga en las estructuras cerebrales, la función y el flujo sanguíneo cerebral y demostrado  que la práctica de esta disciplina afecta positivamente a la función del hipocampo, la amígdala, la corteza prefrontal, la corteza cingulada y las redes cerebrales, incluida la red de modo predeterminado (DMN). Según los investigadores esto podría tener relación directa con la posibilidad de “mitigar los declives relacionados con la edad y problemas neurodegenerativos”

Practicar yoga

Qué es el yoga

La práctica del yoga se remonta más de 2000 años en la antigua India. Mente, cuerpo y espíritu se unen a través de la práctica de movimientos físicos, meditación y ejercicios de respiración. Existen diferente escuelas de yoga, filosofías y combinaciones de ejercicios pero todas con un objetivo común: unir mente y cuerpo.

La prominencia del yoga en la civilización occidental surgió a fines del siglo XX.  Los primeros estudios científicos sobre esta materia datan de 1948 pero no es hasta el 2000 cuando aumenta exponencialmente el número de publicaciones que relatan sus beneficios de relajación (ejercicios de meditación y respiración) y movimientos de estiramiento y fortalecimiento (posturas físicas). Según el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa (NCCIH), el yoga es la forma más popular de terapia complementaria practicada por más de 13 millones de adultos.

Yoga par el cerebro

Beneficios del yoga para el cerebro

La investigación publicada en Brain Plasticity recopila 11 estudios sobre el yoga para establecer conclusiones comunes sobre sus beneficios más allá del campo de la relajación, el fortalecimiento muscular y la higiene postural. Aunque seis de los estudios analizados tenían un corte transversal, 5 de ellos examinaron las relaciones yoga-cerebro. Todos los estudios se realizaron con poblaciones adultas, con 5 estudios con una edad media mayor de 65 años durante periodos de entrenamiento de 10 a 24 semanas.

La mayoría de estos estudios se han basado en comparar la estructura cerebral de practicantes de yoga experimentados con la estructura cerebral de no practicantes para detectar las diferencias transversales existentes entre los grupos.

Los especialistas observaron que uno de los efectos era que el hipocampo aumentaba de tamaño. Esta parte del cerebro se encarga de formar nuevos recuerdos y de la orientación espacial, y habitualmente su desarrollo estaba relacionado con actividades aeróbicas. La amígdala, una estructura cerebral que contribuye a la regulación emocional, tiende a ser más grande en los practicantes de yoga que en sus compañeros que no practican yoga. La corteza prefrontal, la corteza cingulada y las redes cerebrales, como la red de modo predeterminado, también tienden a ser más grandes o más eficientes en aquellos que practican yoga regularmente.

Posturas de yoga

Si bien la naturaleza de la relación del yoga con la función cerebral parece menos directa que con la estructura, el análisis realizado concluye que existen pruebas de una influencia beneficiosa del yoga en la función cerebral.

La revisión de los 11 estudios realizada por la Universidad de Illinois concluye que la práctica del yoga puede impactar positivamente la salud del cerebro, en áreas como la conectividad funcional de la DMN, la actividad de la corteza prefrontal dorsolateral y la estructura del hipocampo y la corteza prefrontal. Todas estas regiones son conocidas por mostrar cambios significativos relacionados con la edad. Razón por la que los expertos consideran que el yoga puede tener consecuencias prometedoras para mitigar los declives neurodegenerativos y relacionados con la edad. Se necesitan ensayos aleatorios sistemáticos del yoga y su comparación con otras intervenciones basadas en el ejercicio, así como estudios longitudinales a largo plazo en practicantes de yoga para identificar el alcance y el alcance de los cambios neurobiológicos en enfermedades como en Alzheimer. Para ello será necesarios que los investigadores identifiquen redes cerebrales clave y regiones de interés.

El yoga se convierte así no solo en una actividad beneficiosa para la relajación sino como una opción para ayudar a alcanzar los niveles recomendados de actividad física y una disciplina beneficiosa para nuestro cerebro.

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